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Por deformación profesional, yo me planto delante de un mapamundi y en lugar de ciudades veo festivales de música. Antes que en Indio, Manchester, Paris, Chicago, Miami o HIlvarenbeek, pienso en Coachella, Parklife, We Love Green, Lollapalooza, Ultra o Best Kept Secret. Mi cabeza ya funciona así automáticamente. Habrá quien vea museos arqueológicos, equipos de fútbol que han ganado la Copa de Europa, restaurantes con estrella Michelín, fashion weeks o sedes del mundial de Fórmula 1, pero quiero creer que no estoy solo en mi obsesión. Quiero creer que un festival de música te pone en el mapa. Que hay quien ha aprendido las coordenadas de Barcelona desde que conoce Primavera Sound. Y, si alguien me pregunta, lo tengo claro: se me ocurren pocos motivos mejores para que el mundo te mire que un festival de música.
Lo digo sumido todavía en la euforia por todo lo vivido en Primavera Sound 2022, en el histórico vigésimo aniversario de doce días que merecían público, artistas, organización e industria musical en general tras dos cursos en silencio, pero podríamos volver a hablar dentro de seis meses y mi opinión seguiría siendo la misma. Podemos hacer la prueba: buscadme en una sala de conciertos y preguntadme. Porque, tal y como lo veo, el efecto de un festival de música no debe limitarse a un recinto y unos pocos días en el calendario. Primavera Sound no es solo medio millón de asistentes de 139 países diferentes dejando un impacto económico de 349 millones de euros en Barcelona. En ocasiones distorsionando el ritmo habitual de la ciudad, claro, pero también llenando hoteles, moviéndose en taxi, comiendo y cenando a diario, visitando librerías, comprándose unas zapatillas nuevas, entrando a una exposición.
Todo eso pasa alrededor de la música en vivo y estamos muy orgullosos de propiciar un turismo cultural que va más allá del sol y la playa, pero queremos más. No concibo llegar, montar, desmontar y marcharse sin mirar atrás. Barcelona nos acoge con su probada capacidad para organizar grandes eventos y, mientras se nos permita, nuestro deseo es trabajar para que la sinergia que impulsa uno de los mayores festivales del planeta también sirva para desarrollar un tejido industrial y cultural sólido. De la misma forma que se dice que todo el mundo que compró el disco de la Velvet montó un grupo, sabemos que en un punto de encuentro tan inspirador como Primavera Sound nacen nuevos proyectos musicales. Bandas y artistas que en el futuro necesitarán salas para montar sus conciertos, que a su vez darán trabajo a promotoras, técnicos, proveedores, personal de seguridad, periodistas musicales… Nos gusta participar de ese flujo que genera comunidad en nuestra ciudad.
Ambiente en el primer día del Primavera Sound 2022 en Barcelona
Los festivales en los que yo creo, con los que yo me identifico, plantan una semilla en unas fechas determinadas y después recogen sus frutos a lo largo de todo el año para compartirlos con su entorno. Es lo que hacemos aquí desde hace más de dos décadas, lo que intentamos hacer en Porto desde 2012 y lo que trataremos de hacer en Los Ángeles, São Paulo, Santiago de Chile y Buenos Aires a partir de septiembre exportando el modelo barcelonés, aunque Barcelona solo hay una. También lo que nos hemos propuesto hacer en Madrid a partir de 2023, tras familiarizarnos de cerca con el circuito madrileño gracias a las giras de salas que organizamos durante las cuatro estaciones.
Definitivamente espero no estar solo en mi obsesión: un mapa que suena, uno que te lleva de festival en festival y de sala en sala compartiendo experiencias, es un mapa mejor.
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